jueves, 21 de junio de 2012

Entrevista a Hernán Casciari

Enviado por Prosofagia | jueves, 21 de junio de 2012 | Categoría: |

Hernán Casciari 


Hernán Casciari

Entrevista publicada en
Prosofagia N. 15, abril 2012


Por Elisabet y Esther






Corría el año 1982. Desde la ventanilla del tren era fácil identificar la estación de Mercedes: una amplia playa ferroviaria, altos silos, y más allá la ciudad, desplegada bajo un denso cielo de antenas de televisión. Mercedes, tan cerca del conglomerado urbano del Gran Buenos Aires como para que muchos mercedinos viajaran todos los días a su trabajo en las cercanías de la Capital, estaba, empero, recostada en los campos, el río y los parques boscosos, y su condición de ciudad importante no impedía que los vecinos se conocieran de toda la vida ni tampoco las siestas lentas del interior de la provincia.

En ese año y en Mercedes Hernán Casciari y Chiri editaron su primera revista. Ambos tenían once años y estaban en sexto grado de la escuela primaria. Según cuenta Hernán, pese a que repartieron los veinte ejemplares en el aula, «la crítica fue indiferente».

Treinta años después, desde Saint Celoni, cerca de Barcelona, hicieron temblar los cimientos de lo aceptado con una revista que planificaron tomando las reglas de la industria para hacer todo lo contrario, que vendió 10.000 ejemplares antes de que apareciera el primer número y que para el segundo ya era mítica: Orsai.




—A los once años, vos y Chiri editaron su primera revista, y siguieron haciéndolo durante toda la escuela, a razón de una por año. ¿A los once años te sentías lector, escritor, periodista, o todo eso junto? ¿Y ahora?
—A los once años queríamos hacer reír a los compañeros de clase con esas revistas. Leíamos mucho más que el resto, eso seguro, y no soñábamos con ser periodistas porque teníamos una grabadora y una máquina de escribir. Lo éramos. Salíamos a la calle a hacerle reportajes a los vecinos. Lo único que recuerdo es que nos divertíamos mucho. Y ahora es exactamente igual.

—Obtuviste tu primer premio literario con apenas veinte años: 1.er Premio de Novela en la Bienal de Arte de Buenos Aires (1991), con Subir de espaldas la vida. ¿Qué significó para vos? En ese momento, ¿era tu objetivo dedicarte a la escritura de ficción? ¿O deseabas ser periodista?
—A los 20 años me pasó una cosa horrible: quise ser escritor. Y desde esa edad, y hasta los 30, escribí muchísimo y muy mal. Tuve algunos reconocimientos en certámenes literarios, y eso fue peor, porque me certificaron en un camino horrible. Pretendía ser inteligente, todo lo que escribí en esa época era malísimo y yo lo sabía. De verdad lo sabía. Algunas veces me salía algo bien, pero en general era todo muy malo. Sin embargo, no encontraba otra manera de hacerlo.

—En tus inicios, ¿cómo aprendiste a escribir literatura? ¿Escribes diferente desde que comenzaste a incursionar en la Red?
—Creo que de los 17 a los 20 escribí muy bien, con la frescura necesaria. Después ya no, porque de repente me empezó a parecer un oficio importante. Cuando me vine a vivir a España desistí de ser escritor y empecé a escribir en Internet para nadie, con la frescura aquella del principio.

—¿Qué de Mercedes, tu ciudad natal, ha hecho que no sea fácil discernir hasta qué punto eres un argentino que siente nostalgia viviendo en España y hasta qué punto un mercedino que siente nostalgia viviendo en España?
—No, definitivamente mi nostalgia es de personas, no de porciones geográficas. Durante los últimos años tuve la suerte de que muchos de mis amigos de la infancia se vinieran a vivir conmigo a Sant Celoni y no sentí ninguna melancolía.

—Sin dudas, eres uno de los pioneros de la blog-novela. Hoy, es una forma de hacer literatura que parece «normal»; no era ese el caso en el 2003, cuando iniciaste tu blog sobre las andanzas de Mirta Bertolotti, la señora gorda de Mercedes. En ese momento, ¿eras consciente de que estabas innovando en las formas de hacer literatura?
—Cuando conocí la existencia de los blogs pensé, con toda la naturalidad del mundo, que todo el mundo lo estaba usando para escribir cuentos. ¿Qué más, si no? Cuando me puse a escribir mi cuento de la mujer gorda yo pensaba que sería un cuento más entre miles.

—¿La blog-novela es una verdadera innovación en el campo literario? ¿O es el aplicar tecnologías modernas al viejo folletín, ese con el que en el siglo xix se expandió la novela como género literario?
—La verdadera innovación es la velocidad de conexión entre un autor y sus lectores. Lo demás serán siempre 27 letras, tu talento y tu suerte.

—¿Por qué crees que la historia de Mirta Bertolotti tuvo tanto éxito? Existen muchas blog-novelas… Y no todas son exitosas.
—Yo creo que estuve ahí, sin saberlo, en un momento propicio. Alguien iba a ocupar ese lugar cinco minutos más tarde, si me hubiera quedado dormido.

―El día que una editorial como Plaza & Janés te contactó para publicar tu blog-novela, ¿qué pensaste?
—Fui muy feliz. Yo pensé que el sueño de vivir de la literatura se había muerto tres años antes, cuando desistí de ser escritor. Me pareció casi una lección con moraleja.

―Lograste el sueño de todo escritor novel, sin casi proponértelo: publicar por cuenta ajena con una editorial de prestigio. Y continuaste publicando con editoriales. Sin embargo, unos años después, rechazaste seguir en la rueda del mundo editorial convencional. Lo has explicado en muchos lugares, pero… ¿qué es lo que te indignó especialmente, y que te llevó a continuar la aventura por tu cuenta?
—Hubo de todo. Pero lo que más me sacó siempre de quicio es que no me distribuyeran bien en Argentina.

—¿Qué se necesita para que una idea trasnochada, romántica, ridícula, arriesgada y divertida —como definiste la idea de hacer Orsai— se convierta en una realidad concreta y palpable? ¿Qué, de todas las cualidades anteriores, perdura o puede perdurar cuando se concreta la idea en un hecho?
—Se necesita tener una comunidad de lectores fieles, primero que nada. Es imposible salir a gritar que necesitas gente para llevar a cabo una idea, y que del otro lado haya solamente seis personas. Y para perdurar en esa idea hay que mantenerse amateur todo lo posible.

—Cuéntanos por qué llegó Comequechu a Sant Celoni, y qué está sucediendo con el bar abierto en Buenos Aires.
—Comequechu vino a hacernos unas pizzas muy ricas que nos hacía en ­Mercedes cuando, con Chiri, dirigíamos un periódico allí. Puso una pizzería en Sant Celoni con capital de Orsai. Y cuando nos dimos cuenta que en Buenos Aires había muchos más clientes que en Sant Celoni, mudamos la pizzería para allá. Y junto a la pizzería, mudamos la redacción completa. Hoy en día, soy el único que está en España: el staff está en Buenos Aires. Y el bar funciona muy bien, ya es un clásico.

―En la editorial de la primera revista hablas del olor del papel, del ansia con que nuestros abuelos esperaban una publicación impresa y la tomaban, la abrían con cariño y aspiraban el olor a «celulosa y a tinta». También hablas de honradez y de una relación íntima y directa, de tú a tú, entre los autores y los lectores. Cito: «Ojalá que cuando pase el tiempo y huelas estas páginas ―que estarán ajadas y viejas― el olor te recuerde que había una cierta honestidad en el aire, y que se podía soñar con una revista. Que te recuerde una época, muy intensa y rara, en la que diez mil ochenta lectores y veinticuatro autores se comunicaron con alegría. Sin nadie por medio». Toda una declaración de intenciones… ¿Quieres comentárnosla un poco?
—Yo creo que lo digo muy clarito en ese párrafo. Me gusta el siglo xix y me gusta el siglo xxi. Al que odio bastante es al de en medio.

—¿Qué es, para vos, «cultura libre»? Una literatura inscripta en la idea de cultura libre, ¿implica que los autores u otros actores de la cadena del libro deben resignar el obtener beneficios económicos por su actividad?
—Cultura libre es que nadie tenga que quedarse fuera de un hecho artístico por falta de monedas. No significa que los autores deban resignar sus beneficios. Significa que, después de percibir sus beneficios, tienen el deber moral de liberar su obra.

—¿Tienes tiempo para seguir escribiendo ficción?
—Hace un año y medio estoy escribiendo una novela. La trama es así: dos amigos que se conocen desde toda la vida, y que hicieron revistas amateurs desde los once años, llegan un día a los cuarenta y renuncian a todo lo que estaban haciendo para intentarlo de nuevo. Llaman a un viejo amigo pizzero, lo invitan a esa aventura, y ocurren cosas en el medio. La escribo todos los jueves en el blog. Creo que a finales de este año la termino.

―¿Qué distancia hay entre el Hernán Casciari de carne y hueso y el narrador de tus historias?
—Véase respuesta a pregunta anterior.

—Tus historias, a partir de Más respeto que soy tu madre, son conocidas, leídas, traducidas y de fácil acceso. Mas, ¿qué sucedió con las obras que te valieron premios antes de la blog-novela? ¿Nos podrías resumir su esencia, o su intención, en un par de frases?
—Me avergüenza mucho esa etapa, pero sé que me sirvió para soltar la mano. Si un escritor tiene que escribir necesariamente 1 000 páginas malas para empezar a escribir la primera página buena, yo las escribí en esa década.

―¿Cuáles son los nuevos proyectos asociados con el «proyecto Orsai»? ¿Tienes planes de futuro? ¿Otras ideas rompedoras, en lo literario, que vayan más allá de la revista?
—Supongo que nos encaminamos sin remedio a gestar una editorial en donde cinco mil lectores eligen los libros que quieren leer. Estamos trabajando mucho en la concepción informática de ese proyecto, mientras esperamos a esos cinco mil lectores que paguen por la experiencia (nos faltan mil, creo que a finales de marzo empezamos).

―Hernán, ¿qué le recomiendas a un autor novel que arde en deseos de publicar su obra?
—Que arda sin miedo, pero no por publicar. Que arda por ser leído.

Prosofagia es una revista literaria que nació hace tres años, asociada con un foro literario virtual, sin publicidad, sin fuente alguna de ingreso, de distribución gratuita en la Red, y que tiene como política editorial buscar la calidad a través de un camino poco convencional: ofrecer un punto de encuentro entre escritores y otros actores sociales del libro, de reconocida trayectoria y prestigio, y escritores o articulistas noveles o con escasa experiencia. ¿Crees que un proyecto de esta naturaleza es sustentable en el tiempo?
—Si hay pasión, y paciencia, tiempo y espacio son lo de menos.


Muchas gracias por tu tiempo, y que orsai, con todo el proyecto que hay detrás, tenga una larga vida.

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Hernán Casciari nació en Mercedes, en la provincia de Buenos Aires, en marzo de 1971. Escritor y periodista, ha saltado a la fama por aunar la literatura con Internet.

En su juventud formó parte de la redacción de varias revistas y periódicos (La Ventana, Protagonistas, El Domingo). Ganó el 1.er Premio de Novela en la Bienal de Arte de Buenos Aires en 1991, con la obra Subir de espaldas la vida, y en 1998 obtuvo el Premio Juan Rulfo, en París, con Nosotros lavamos nuestra ropa sucia.
En el año 2000 se afincó en España. Comenzó a escribir en varios blogs y poco a poco llegó a tener miles de seguidores. Su blog-novela:
 http://mujergorda.bitacoras.com/index.php fue publicada por Plaza & Janés en 2005, con el título Más respeto, que soy tu madre y posteriormente por Editorial Sudamericana con el título Diario de una mujer gorda. También en Plaza & Janes publicó en 2007 otro libro basado en su experiencia como inmigrante: España, perdiste. Sus libros más recientes son El pibe que arruinaba las fotos y El nuevo paraíso de los tontos.
Ha colaborado con el diario español El País y el argentino La Nación. Desencantado del mundo editorial y de la prensa, en 2010 deja de escribir en ambos periódicos y se lanza a una nueva aventura por libre, con un grupo de amigos: la edición y publicación, en versión impresa y bajo demanda, de una revista literaria, Orsai. Sin publicidad alguna, y autofinanciada por sus sucriptores, sus primeros números han rebasado los diez mil ejemplares y se distribuyen por todo el mundo.

Libros de Hernán Casciari: http://orsai.bitacoras.com/libros





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