miércoles, 7 de noviembre de 2012

Los diálogos en narrativa

Enviado por Prosofagia | miércoles, 7 de noviembre de 2012 | Categoría: , |

Escalera, Palacio de Carlos V. La Alhambra,
Granada (España). Foto de José Manuel Solana
Los diálogos en narrativa





Artículo publicado en Sea buen albañil
Prosofagia N. 15, abril 2012

Por Gothian








Escribir diálogos es un reto, todo escritor lo sabe. Hay quienes los evitan como a la peste negra y otros que abusan de ellos. Una narración impecable se empaña si los diálogos son forzados, inverosímiles, no se entiende quién interviene o todos los personajes hablan igual. Una línea mal dicha, perdón, escrita, rompe la dinámica de la lectura y el castillo de naipes se viene abajo.

El buen escritor de diálogos consigue con una simple frase lo que en narración podría llevar párrafos enteros. No es sencillo. Muchas veces se requiere construir diálogos que sobrepasan a la experiencia personal del autor. ¿Cómo voy a interpretar a un personaje con desequilibrio mental si no padezco dicho mal ni soy psicólogo, por poner un ejemplo? O bien, ¿cómo voy a interpretar al miembro de una tribu africana si nunca he conversado con uno? La puerta trasera, y el mejor aliado de los escritores, es la imaginación. Pero la imaginación no siempre es suficiente: invariablemente habrá psicólogos y trotamundos para desenmascararnos. El buen dialoguista debe ser capaz de interpretar a cualquier persona sin importar su clase social, nivel educativo, edad o condición mental y salir bien librado; y con salir bien librado me refiero a tres cuestiones:

1)   Coherencia con el perfil del personaje. Mejor aún: potenciar ese perfil.

2)  Verosimilitud con el entorno y la escena descrita. Y aquí considero importante aclarar algo. Muchos de ustedes habrán escuchado que la realidad supera la ficción. Es cierto y, hasta cierto punto, las cosas deben seguir así, por nuestro bien. Una persona que cae desde una altura de diez pisos puede sobrevivir; no obstante, si sucede en una novela no creo que sean muchos los lectores que lleguen al final.
  
3)  Realidad Virtual. Sí, usted leyó bien, realidad virtual: ningún diálogo puede ser exactamente como lo es en la vida real. Necesitamos construir diálogos fluidos que no empantanen la lectura y que ayuden al lector a la mejor interpretación de lo que queremos expresar.

Esto es un diálogo real:


—Hola, José, ¿cómo te va?
—Muy bien, ¿y a ti?
—También.
—¿Qué has hecho?
—Nada, ¿y tú?
—Tampoco.
—Bien.
—Bien.
—¿Y la familia?
—Bien, gracias.

El día que encuentre en una novela un diálogo con estas características dejo de leerla al instante. Sin embargo, he mantenido conversaciones similares muchas veces. ¿Y quién no?
So far, so good. Afinemos la criba.
Existe una herramienta para ajustar hasta la tuerca más fina del diálogo: el inciso del narrador. Aquello que escapa a los parlamentos en sí mismos, todo lo que sucede y que el narrador nos hace conocer. El qué y el porqué, es decir, la intención del autor, sobrepasa por mucho los límites de este artículo, así que me limitaré a dar algunos ejemplos que, espero, constituyan un buen marco de referencia.
El buen dialoguista puede expresar con un gesto o acción lo que siente, piensa o hará el personaje. No es necesario explicar que alguien está enojado o asustado, basta con mostrarle al lector que lo está. Ejemplo de un diálogo desnudo:

—Julio, ¿qué pasó anoche? Me cansé de llamarte, tenías el móvil apagado.
—No pude ir.
—Ya sé que no pudiste ir.
—Lo siento.

El diálogo no deja entrever con claridad las emociones o sentimientos del amigo de Julio. El único indicador que encuentro, que revela molestia, es: «Me cansé de llamarte». Algo es algo, pero ¿es suficiente? El amigo de Julio, por ejemplo, ¿estará molesto o furioso? Con ese diálogo no podemos asegurarlo. Agreguemos un inciso del narrador:

—Julio, ¿qué pasó anoche? Me cansé de llamarte, tenías el móvil apagado.
—No pude ir.
—Ya sé que no pudiste ir —dijo Manuel, apretando los dientes.
—Lo siento.

Ahora sabemos que Manuel está más que molesto y no fue necesario que el narrador lo explicitara; nos limitamos a describir una acción que expresa, por sí misma, el enojo.
No está mal: hemos creado una imagen que acompaña al sonido; una imagen que, aunque simple, aporta volumen. Y utilizando apenas tres palabras. En literatura es importante la eficiencia y eficacia de las palabras, pero cuidado: la economía de palabras no es un fin y puede ser contraproducente. Me explico. Economizando todavía más:

—Julio, ¿qué pasó anoche? Me cansé de llamarte, tenías el móvil apagado.
—No pude ir.
—Ya sé que no pudiste ir —dijo Manuel, enojado.
—Lo siento.

Repitamos: no debo usar adjetivos... Ya me zumban los oídos. Está bien, podemos usarlos, pero con el mismo criterio que los paramédicos aplican un torniquete: solo si no hay otra opción (a menos que pretendamos conseguir un efecto muy específico).
Para quitar el mal sabor del ejemplo anterior:

—Julio, ¿qué pasó anoche? Me cansé de llamarte, tenías el móvil apagado.
—No pude ir —Julio miraba el suelo, con las manos en los bolsillos.
—Ya sé que no pudiste ir —dijo Manuel, apretando los dientes.
—Lo siento.

O bien:

—Julio, ¿qué pasó anoche? Me cansé de llamarte, tenías el móvil apagado.
—No pude ir.
Julio miraba el suelo, con las manos en los bolsillos.
—Ya sé que no pudiste ir —dijo Manuel, apretando los dientes.
—Lo siento.

Mucho mejor. El show don’t tell aplicado al diálogo. ¡Bravo!
Existen escritores que abogan por no incluir ningún inciso del narrador (Rubio, Natalia (Natts); «El jardín de Demócrito», ProsofagiaN.º 5, diciembre de 2009 [p. 28]); sus argumentos son sólidos y he leído algunos diálogos desnudos excelentes. Abogo por la versatilidad, el buen artesano tiene una herramienta específica para cada labor, y encuentro un punto débil: algunas frases, o incluso palabras, pueden ser interpretadas de diferente manera por diferentes personas de diferentes nacionalidades de diferentes culturas de diferentes épocas de...

Afinemos la criba un poco más: uso correcto de la raya en los diálogos.
Según el dpd la raya es:

Signo de puntuación representado por un trazo horizontal (—) de mayor longitud que el correspondiente al guion (-), con el cual no debe confundirse.

No, no deben confundirse, son signos diferentes y usarlos indistintamente equivaldría a intercambiar la «ñ» con la «n» según el humor. Aclarado el punto,
contiñuemos.
Para escribir la raya, pues no hay una tecla para hacerlo a diferencia del guion, basta con pulsar:     alt+ 0151

Lo primero a tener en cuenta es no dejar espacio entre la raya de apertura del parlamento y la primera palabra de este. Por ejemplo, es incorrecto escribir:

— No te creo, ayer me llamó por teléfono. Vendrá al anochecer.

La forma correcta es:

—No te creo, ayer me llamó por teléfono. Vendrá al anochecer.
Lo segundo:

—No te creo —dijo Manuel—, ayer me llamó por teléfono. Vendrá al anochecer.

El inciso del narrador se aísla entre dos rayas, tal que el lector no confunda qué expresa el narrador y qué dice el personaje. La única excepción es cuando el inciso del narrador se encuentra al final; en este caso no es necesaria la raya de cierre y, por lo mismo, se omite:

—No te creo, ayer me llamó por teléfono. Vendrá al anochecer —dijo Manuel.

Obsérvese que en el parlamento se omitió el punto final y que el inciso inicia con minúscula. Cuando, como en este caso, el inciso del narrador empiece con un verbo de habla (decir, preguntar, susurrar, mentir, gritar, afirmar, añadir, terciar, etc.) siempre se escribirá con minúscula.
En cambio, cuando el inciso del narrador no tiene relación directa con el parlamento debe iniciar con mayúscula. El parlamento finalizará con punto o signo equivalente al punto. Ejemplo:

—No te creo, ayer me llamó por teléfono. —Se detuvo en seco y lo miró a la cara—. Vendrá al anochecer.

Lo tercero: ¿qué hacer con los signos de puntuación del parlamento cuando el inciso del narrador se inmiscuye justo donde deberían aparecer? Tomemos uno de los ejemplos anteriores:

—No te creo —dijo Manuel—, ayer me llamó por teléfono. Vendrá al anochecer.

Si eliminamos el inciso la frase es: «No te creo, ayer me llamó por teléfono». Al quedar interrumpida por el inciso, la coma se colocará después de la raya de cierre. Esto es válido para todos los casos: coma, punto, punto y coma o dos puntos se escriben luego de la raya de cierre del inciso y pegados a ella. ¡Nunca antes!


Tip:
       
  Una buena forma de saber si estamos utilizando correctamente los signos de puntuación es quitar el inciso de la frase. Si la frase permanece gramaticalmente correcta vamos por buen camino.

Sin embargo, hay dos excepciones a esta sencilla regla:

a) —No te creo, ¿estás seguro? —dijo Manuel—. Pensé que vendría al anochecer.

El signo de interrogación es uno de los signos que equivale al punto. No obstante, igual se coloca el punto detrás del inciso para afirmar que el parlamento está constituido por dos oraciones independientes. Por supuesto, si eliminamos el inciso, nos queda una expresión incorrecta gramaticalmente:

«No te creo, ¿estás seguro?. Pensé que vendría al anochecer.»

b) Retomando un ejemplo anterior:

—No te creo, ayer me llamó por teléfono. —Se detuvo en seco y lo miró a la cara—. Vendrá al anochecer.

Si eliminamos el inciso del diálogo el resultado también será incorrecto:

«No te creo, ayer me llamó por teléfono.. Vendrá al anochecer.»

En este caso el primer punto se coloca porque el inciso iniciará con mayúscula (no inicia con verbo de habla). El verdadero punto final de la oración se coloca, como dijimos antes, detrás de la raya de cierre del inciso.


Ahora que tenemos algunas herramientas para escribir diálogos podemos decidir qué hacer con ellas. Para pintar la fachada de una casa puedo usar una brocha, un rodillo, un cepillo de dientes, puedo arrojar la pintura o usar las manos. Depende de qué quiera lograr. ¿Quiero rapidez, estética, acabado rústico o solo matar el tiempo? En cada caso habrá que tomar una decisión.

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Actualmente tiene: 1 comentarios:

  1. Muy claros los ejemplos. María


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