lunes, 14 de enero de 2013

No todo el monte es eBook

Enviado por Prosofagia | lunes, 14 de enero de 2013 | Categoría: , |

Parque Yuexiu, Cantón (China).
Foto de José Manuel Solana
No todo el monte es eBook





Artículo publicado en 
Literatura y Tecnología Digital,
Prosofagia 16, septiembre 2012

Por zoquete








Vivimos   tiempos apasionantes para el sector editorial, tiempos duros donde todo el ciclo de valor está siendo puesto en entredicho, pero tiempos también donde se nos invita a soñar con nuevos y fascinantes escenarios, tanto en torno al omnipresente eBook como respecto a tecnologías paralelas, en algunas ocasiones claramente complementarias, en otras aparentemente competidoras.
Los invitamos a disfrutar de una serie de artículos que reflejan algunas iniciativas que, cuando menos, nos invitan a ver más allá de los lectores digitales porque, como dirían nuestros antepasados, no todo el monte es eBook.

En este punto es importante recordar que detrás de las tecnologías siempre ha habido artesanos, artistas, personas en definitiva, que son los auténticos agentes del cambio. Por ello, quizás merezca la pena resaltar la relación entre cada novedad tecnológica presentada y el papel que nosotros, como minúsculas almas en pena, podemos jugar en la revolución que está por llegar.
Solo a modo de símil obligado, es interesante resumir el impresionante cambio que ha experimentado, y aún lo sigue haciendo, la industria discográfica. Recuérdense los tiempos en que llegó el vinilo, que encumbró la música enlatada, luego potenciada gracias al Walkman de Sony, generando un mercado a escala mundial cercano a los cincuenta mil millones de euros, por encima de la industria del libro y del cine1, industria que se ha visto contra las cuerdas por la llegada de los programas de ­intercambio en Internet, reinventados con el iTunes de Apple y Spotify. Pero, más allá de los soportes, también se trata de una industria que ha revalorizado la figura del pinchadiscos hasta extremos impensables, con figuras como David Guetta, capaz de vender más de siete millones de discos y colocar muchos de sus temas como número uno en las listas británicas. Es la revolución de los mash-up2, un género musical considerado muy menor hasta hace apenas un par de días. ¿Vivimos o viviremos algo similar en el sector editorial? ¿Serán los nuevos autores poetas espontáneos de la calle reconvertidos en nuevas tendencias literarias?


«Literatura y medios sociales: listados y burbujas», por Lina María Aguirre3

El artículo describe las oportunidades digitales para publicar y «colarse» en el sector editorial tradicional gracias al impulso de las redes sociales. En particular describe las experiencias del escritor Ewan Morrison, de quien confiesa sin rubor:

[…] el trabajo que ha seguido, los consejos que ha encontrado por parte de firmas expertas en asesorar escritores/as en el terreno en cuestión, incluyendo las reglas sobre número de tweets y retweets para hacerse y permanecer visible o, «mejor» aún, los consejos de contratar compañías para que generen tweets por usted; los consejos de otras firmas que aseguran tener las fórmulas para «acelerar los algoritmos de Amazon» y que incluyen lograr que «amistades, familia y contactos de Facebook escriban reseñas» o, de nuevo, mejor aún: contratar una compañía especializada en hacer reseñas 5 estrellas en Amazon. También habla sobre sus hallazgos en la relación costo-beneficio de pagar publicidad en Facebook, así como de terminar por regalar ejemplares.

La gente más escéptica dirá: «si el escritor se dedica a hacer marketing, ¿cuándo escribe?». Bueno, Morrison parece ser de la misma opinión:

Morrison piensa que lo que venden los medios sociales es, finalmente, a ellos mismos y que, contrariamente a lo que dicta la fórmula más divulgada de muchas firmas de autoedición (dedique 20% de su tiempo a escribir y 80% a hacer promoción y contactos en línea), una alternativa propuesta sería «dejar la moda de lado y dedicarse el 100% a ser escritor».

No obstante, esta dinámica imprime un nuevo impulso para generar vacantes en el sector editorial, que en lugar de demandar los tradicionales «negros literarios» que escriban gran parte de las novelas de los autores estrella, requerirán un nuevo perfil, más próximo al de community manager,4 también de muy reciente creación. La persona interesada deberá ser hábil captando seguidores en la red, consiguiendo contactos navegando por interminables páginas web y regalando generosos comentarios, sin olvidar la participación en juegos online colectivos donde pueda encontrar gran parte del público lector de la obra en promoción. Son recomendables pero no imprescindibles ciertos conocimientos de gramática y ortografía.
El problema surge al considerar a los escritores noveles. Si su interés es publicar, ¿deben dedicarse al marketing? Y si la respuesta es afirmativa, ¿con cuánta intensidad deben priorizarlo sobre la escritura?
En este sentido puede ayudar el artículo original de Morrison sobre la «burbuja» de la autopublicación5: «[…] nunca podría haber imaginado que la escritura sobre el final de los libros me generaría más ingresos que escribir libros en sí». Morrison destaca además otro filón importante para los escritores, el de los manuales Cómo hacerse rico escribiendo ebooks.
Rizando el rizo, muy recientemente ha salido a la palestra la actividad virtual del escritor R. J. Ellory, quien sin duda podía considerarse consagrado en el mundo editorial, atendiendo a sus cifras de ventas y premios recibidos. Parece ser que mucho de ese 80% del tiempo que se sugiere para la promoción, el señor Ellory lo dedicaba a construirse identidades digitales paralelas que, coincidencias del destino, elogiaban su obra y eran sumamente críticas con los trabajos de sus competidores. Así lo describe el artículo «La vanidad del escritor cazado»6 de Laura Seoane en La Razón.
Personalmente me sorprende la avalancha de críticas cuando, como se cita en el artículo, es una práctica «más común de lo que pensamos», alguien diría que forzoso en este impredecible caos digital. También me sorprende que se considere un acto de vanidad, en todo caso podría admitir que se calificara de onanismo. Sin embargo, todo apunta a que se trata de un nuevo género de la paraficción, un nuevo tipo de hiperrealismo destinado a concienciarnos de la poderosa influencia del mundo virtual en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana. Ellory da un paso más allá del community ­manager, para directamente esbozar lo que podríamos denominar un community builder.


«Beijing instala en sus calles máquinas expendedoras de libros»7

Según informa el informador.com.mx, está surgiendo toda una plaga de máquinas expendedoras de libros en Pekín:

Para hacer uso de estas máquinas, los pequineses han de mostrar a un escáner su documento nacional de identidad, e introducir 100 yuanes (unos 14 dólares, o 12 euros, aproximadamente 150 pesos), que les serán devueltos cuando retornen los libros (bien a una de estas máquinas, bien a las bibliotecas municipales).

Una gran noticia, sin duda. A los puestos de trabajo indirectos, tipo reponedores de libros, transportistas, mantenimiento de las máquinas, limpieza, etc., debemos añadir el trabajo no menos importante de bibliotecario. Se tratará de una profesión trashumante, sin duda, pero no por ello menos esencial que la del bibliotecario tradicional. No expondré aquí lo delicado de tal trabajo, que presumo conocido por todo buen lector, sino unas palabras pronunciadas en 1935 por Ortega y Gasset,8 que bien pueden sintetizar su importancia:

Pues bien, he aquí dónde veo yo surgir la nueva misión del bibliotecario incomparablemente superior a todas las anteriores. Hasta ahora se ha ocupado principalmente del libro como cosa, como objeto material. Desde hoy tendrá que atender al libro como función viviente: habrá de ejercer la policía sobre el libro y hacerse domador del libro enfurecido.

Esta visión, que algunos tildarán de apocalíptica, se refrenda bien en los siguientes tres pilares básicos:

1.° Hay ya demasiados libros. […] Esto le lleva a leer de prisa, a leer mal y, además, le deja con una impresión de impotencia y fracaso, a la postre de escepticismo hacia su propia obra.
Si cada nueva generación va a seguir acumulando papel impreso en la proporción de las últimas, el problema que plantee el exceso de libros será pavoroso. La cultura que había libertado al hombre de la selva primigenia le arroja de nuevo en una selva de libros no menos inextricable y ahogadora.
2.° Mas no sólo hay ya demasiados libros, sino que constantemente se producen en abundancia torrencial. Muchos de ellos son inútiles o estúpidos, constituyendo su presencia y conservación un lastre más para la humanidad, que va de sobra encorvada bajo sus otras cargas.
[…] Me parece que ha llegado la hora de organizar colectivamente la producción del libro. Es para el libro mismo, como modo humano, cuestión de vida o muerte.
No se venga con la tontería de que tal organización sería atentatoria a la libertad. La libertad no ha aparecido en el planeta para desnucar al sentido común.
3.° Por otra parte, tendrá el bibliotecario del porvenir que dirigir al lector no especializado por la selva selvaggia de los libros y ser el médico, el higienista de sus lecturas. […] Buena parte de los terribles problemas públicos que hay hoy planteados proceden de que las cabezas medias están atestadas de ideas inercialmente recibidas, entendidas a medias, desvirtualizadas-atestadas, pues, de pseudo-ideas. En esta dimensión de su oficio, imagino al futuro bibliotecario como un filtro que se interpone entre el torrente de los libros y el hombre.

Sea el lector bondadoso considerando que fueron palabras pronunciadas a principios del siglo pasado y que, sin duda, ya no tienen vigencia alguna.


«Recién horneados: la Librería Santa Cruz descubre la máquina que imprime libros mientras usted espera», por Wallace Baine9

Debo reconocerlo. No soy objetivo con este tipo de máquinas, artefactos que hacen libros prácticamente al instante, más rápido incluso que el revelado de fotos de antaño.


 
Vídeo: Book Shop Santa Cruz - Espresso Book Machine (inglés)


Protti dice que la máquina —una especie de José Canseco de copiadoras de oficina— tiene tres usos primarios. Primero, puede imprimir libros no ­disponibles de otra manera. Hay límites, por supuesto. Los títulos bajo derechos de autor podrán estar o no disponibles, según el editor […].
También, aquellos interesados en la autopublicación pueden usar la máquina para crear una copia de su obra maestra, o 100 copias. Puede entrar con su libro ya totalmente preparado en pdf o la Librería puede ofrecerle diferentes servicios para ayudarle a diseñar el libro. Un tercer uso es para aquellos que quieren crear ediciones especiales para audiencias restringidas, como una historia de la familia sobre las vacaciones, o una colección de ensayos para un profesor en clase.

Presentación «Espresso Book Machine» (español)

Desde antes de descubrirlas soñaba con que existieran. Me imaginaba una en cada esquina, como si fuera una farmacia o, en su fulgor, un videoclub. Por mi ­imaginación pasaba todo tipo de posibilidades, desde la edición de libros perdidos, que suena mejor que «descatalogados», hasta la de cualquier material que llevara en formato digital, primero en un disquete, después en un cd y luego en un dvd. Con la llegada de Internet, de los lápices (o pendrives) y, sobre todo, del ebook, ya había abandonado toda esperanza.
Sin embargo, ya en el 2009 varias noticias apuntaban el despegar de la máquina soñada, instalada dos años antes por primera vez en la biblioteca pública de Nueva York y considerada por algunos como la mayor revolución en el sector editorial tras Gutenberg10. Argumentos no les falta, pues al catálogo inicial con más de doscientos mil ejemplares, que subió pronto al medio millón, ahora se le añade toda la oferta digital disponible por otros medios. La impresión parte de «un precio base de 5 dólares, más 4.5 céntimos por página» con lo que cada título costaría por término medio entre 10 y 30 dólares, lo cual es bastante competitivo respecto a la edición convencional, si tenemos en cuenta el patrón de compra compulsiva predominante.
Es con esta última noticia que también se presenta una preciosa oportunidad laboral para muchos amantes de la literatura y que enlaza con el inicio del artículo: la del dj, disc-jockey, pinchadiscos o, quizás, deberíamos rebautizarlos bj, book-jockey o pinchalibros. No por casualidad dicen que para reinventar el sector editorial hay que fijarse en qué le está pasando al sector discográfico.
Solo de imaginarlo ya disfruto de mis potenciales colecciones personalizadas de libros donde pueda recrearme en los angustiosos relatos de Edgar A. Poe hermanados con los de Gustavo A. Bécquer y Roald Dahl. Me atrevería incluso con un ­mash-up que experimentara la combinación de tales genios del terror añadiéndole algunos diálogos de los guiones cinematográficos de Tarantino.
¿Qué efecto produciría una nueva versión de Sherlock Holmes y Watson en escenarios quijotescos? ¿Qué me dicen de entremezclar las diferentes visiones surrealistas de Quim Monzó, Mercedes Abad y Gonçalo M. Tavares? Seamos osados y pongámosle también algo de Giovanni Pannini…
No todo tiene por qué ser ficción. Se me hace la boca agua pensando en un delicioso volumen que intercalara las sorprendentes crónicas neurológicas de Oliver ­Sacks con las reflexiones sobre la resilencia humana de Boris Cyrulnik y de antropología cultural por Marvin Harris. No, por favor, dejemos a Jorge Bucay y Paulo Coelho para otro volumen. No porque ocupen la misma sección en la librería, ya se sabe, ensayo, autoayuda, psicología, se trata de mezclar  cualquier cosa. ¿Se crearán escuelas de BJs? ¡Anda!, aquí tenemos otro filón…

Nota final: Y si combinamos los tres artículos, ¿no tenemos tres ingredientes para la innovación del sector editorial? Un prescriptor o agente de marketing en los nuevos social media; una nueva misión para las bibliotecas, como modernas librotecas o salas de fiesta promocionales para los libros, mediante la revitalización de la figura del bibliotecario, también del librero de toda la vida y, por último, un mezclador a medida del cliente lector. No suena mal, ¿no creen?


-----ooo-----



notas
1.       «Del Vinilo al Mp3: Breve Historia», (La industria discográfica actual: valor económico y social, 24 de julio de 2012).
2.      Estefanía Martínez González: «Subversiónmusical en la Red: La remezcla amateur como narrativa audiovisual crítica», (Revista Comunicación, N.o 10, Vol. 1, año 2012, pp. 1143-1157).
3.      «Literaturay medios sociales: listados y burbujas», (La Vanguardia, por Lina María Aguirre, 5 de agosto de 2012).
4.      La definición de «Community Manager» genera mucha controversia, sobre todo a la hora de decidir el sueldo. Para quien esté interesado en el tema puede consultar: Quécojones hace un Community Manager?, de Eduardo Prádanos Grijalvo; o bien: «Community Manager: ¿Un técnico o un profesional?», Internet es Mercadeo.
5.      «Theself-epublishing bubble», (The Guardian, por Ewan Morrison, 30 de enero de 2012).
6.      «Lavanidad del escritor cazado», (La Razón, por Laura Seoane, 5 de septiembre de 2012).
7.      «Beijinginstala en sus calles máquinas expendedoras de libros», (informador.com.mx, 17 de julio de 2012).
8.      Misión del Bibliotecario, (Jose Ortega y Gasset, 2.° Congreso Internacional de ifla, el día 20 de mayo de 1935).
9.      «Warmoff the presses: Bookshop Santa Cruz unveils machine that prints books whileyou wait», (Santa Cruz Sentinel, por Wallace Baine, 7 de junio de 2012).
10.    «Elcajero automático de libros” catapulta a Gutenberg», (El País, 24 de abril de 2009). 











Actualmente tiene: 0 comentarios:


Leave a Reply